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Marcelo López

Soy asesor y consultor de marcas en temas de branding , estrategias de marca y marketing digital. Con experiencia profesional en países como Perú, Chile, Venezuela, Colombia, Ecuador y Estados unidos .

El  mundo de las  marcas y el  branding  a simple vista puede parecer un poco confuso para los recién iniciados en el tema. La cantidad de ramas que se desprenden del concepto principal es inmensa, llegando a crear cierto tipo de curiosidad o duda sobre la importancia de los temas. 

 

Lo cierto es que en el universo del marketing, absolutamente todos los caminos llevan a Roma: el objetivo es hacer tu marca lo más grande que esta puede llegar a ser. Queda claro que las distintas formas de abordar los términos implicados en una estrategia  son todos igual de importantes entre sí. 

 

Pero como todo en la vida, existen cosas que destacan unas más que las otras, cargando así un peso más grande en la balanza  del mundo online. El branding es uno de esos conceptos. Algo tan puro y crucial que puede llegar a considerarse el alma de una marca. 

 

Anteriormente mencioné que la estrategia de marca es en esencia el cerebro de la anatomía del marketing. Si llevamos ese concepto a un plano astral, el branding sería lo que mantiene el cuerpo físico de nuestra marca con vida. Por este motivo el cuidado que se le debe poner a este invaluable concepto debe ser prioridad sobre todas las cosas.

 

La personalidad que nuestra marca refleja (o quiere llegar a reflejar) es tan importante como nuestra presentación física a nivel individual. No es descabellado pensar que las marcas son seres vivientes que conviven entre sí, a veces compitiendo y a veces cooperando. Pero el propósito de cada marca queda reflejado innegablemente cuando se construye su imagen en los ojos del público en general. Al igual que el alma humana, el branding es intangible, valioso, indispensable. Por ese motivo debemos prestarle tanta atención a este concepto como lo hacemos con todos los demás, incluso más.

 

 

La apariencia estética de una marca es sólo la punta del iceberg.

 

Un concepto erróneo en el mundo de la publicidad es creer que el logo de un proyecto es el branding en sí. El logo es simplemente la carta de presentación, la punta visible de un inmenso iceberg que encierra una historia. El branding es lo que la gente siente, piensa y opina cuando ve a una marca. En este campo de juego el usuario es nuestro juzgado (o nuestro verdugo, según sea el caso). Esto implica que en cierta medida el branding podría llegar a ser incluso incontrolable. El hecho de no poder pagarle a alguien para que “suba tu branding de 0 a 100 en sólo 1 mes” hace que las empresas terminen por desesperarse y abandonar sus objetivos.

 

 

Pero al igual que nos pasa a los seres humanos, la reputación se crea con hechos. Controlar la manera en la que la gente observa tu marca es crucial para sobrevivir en un mercado cada vez más competitivo. Pero este control debe ser orgánico, debe ser real, debe ser auténtico. No puedes forzar el hecho de querer tener el mejor branding que existe, pero puedes trabajar para construir una opinión positiva sobre tu marca que se mantenga inquebrantable con el tiempo. 

 

Otra analogía que puede servir para entender mejor este concepto es comparar el branding con una planta. Si queremos que crezca saludable y próspera es necesario dedicarle trabajo y dedicación. No sólo tenemos que cuidar la semilla que crece, también debemos tener en cuenta el tipo de tierra que se usa, la maceta, el abono y la frecuencia de regado. 

 

Lo mismo pasa con el branding: todos los aspectos que engloban a un proyecto deben ser cultivados con esmero, incluyendo a todo tipo de colaboradores involucrados, ya que estos son en esencia los embajadores de nuestra marca como tal.

 

Una tarea de pensar menos y sentir más.

 

En el marketing moderno es normal querer sentirse frío y calculador todo el tiempo. Al fin y al cabo, en la mayoría de las ramas que engloban al marketing digital esto puede llegar a ser garantía de éxito. Pero al igual que en la guerra, en este caso nuestra estrategia debe cambiar. El branding se trata de sentimientos, de propuestas emocionales, de reacciones. Para lograr esto debemos bajar las revoluciones metodológicas y pasar al plano humano. 

 

Es impactante saber que muchas de las compras realizadas en internet (e incluso en canales tradicionales) se realizan por impulsos. Cuando una marca logra conectar con un usuario a nivel personal, romper este vínculo puede ser tan complicado como terminar una amistad. Y es que así queremos que nuestra marca sea vista, como algo más que un simple producto o servicio. La gente busca consumir historias, experiencias, sentimientos y esto puede lograrse cultivando   desde el principio una estrategia de branding que determine la esencia de nuestra marca.

 

 

El camino para tener éxito al implementar el branding es quizás un poco más complicado que con otras estrategias de marketing digital o tradicional. Todo debe empezar respondiendo preguntas que te muestren el camino a seguir:

 

¿Por qué mi marca existe? ¿Qué hago distinto al resto? ¿Qué problema resuelve? ¿Por qué a la gente le debería importar? ¿Mis consumidores principales son del grupo A o del grupo B?

 

Estas sencillas preguntas pueden preparar los cimientos sobre los que construirás con arduo esfuerzo la reputación de tu marca. Miles de proyectos a lo largo del mundo tienen un branding tan poderoso que con sólo leer su eslogan puedes saber cuales son: “Just do it”, “Me encanta”, “Destapa la felicidad”. Nike, McDonald’s y Coca-Cola, tres marcas distintas que gracias a su inversión poderosa en estrategias de marca   se han abierto paso hasta el Olimpo del comercio moderno.

 

El branding nunca acaba. Simboliza el trabajo constante de una marca para llegar a la cima. Construirlo cuesta mucho, pero puede llegar a ser destruido en cuestión de días. Para evitar eso debemos aprender de los errores del pasado y de la competencia. Al estar un paso adelante del resto siempre se asegurará mantener una reputación envidiable y poderosa. 

 

Hoy es el día para empezar a fabricar tu futuro.

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